A este recorrido le llamamos Ruta de "la Unión" porque nos va a llevar a conocer, más o menos, la parte del pueblo que se empezó a edificar cuando el recinto medieval fue insuficiente para albergar la explosión demográfica que significó en Cosuenda el “Tratado de la Unión”, en el cual se unieron en 1647 varios labradores, comprando mulas, campos, etc... para luego arrendarlos a los unidos, y significó un crecimiento de población de 71 casas que había en 1646 a 120 en 1709 y a 300 en 1771. (Pulsa aquí para ver el Plano turístico de Cosuenda) (Versión original)

 

Dicho ésto empezamos, como en todas estas rutas, en “la Plaza’l Mercáu” [1], oficialmente Plaza de España y que como ya hemos dicho en la Ruta Medieval empezó siendo un pequeño cementerio, “el Fosal de San Juan” y fue urbanizada en el siglo XVI para mercado al aire libre y en este tiempo también se generalizan en este lugar las ejecuciones públicas, ya que era el lugar más amplio y cabía mucha gente.

 

En “la Plaza’l Mercáu” todavía podemos apreciar la antigua posada, del siglo XVI, y algún alero tradicional en las casas, además de podernos imaginar donde ahora se encuentra “la Casa Lugar”, el edificio amarillo que hace de Ayuntamiento, la antigua ermita de San Juan que en ese tiempo fue cuando lució su máximo esplendor, hasta que se construyó la iglesia nueva en 1686.

 

También tenemos los muros de defensa del río con los cimientos originales de finales del siglo XVII, no así el tapial, derribado varias veces por el río, y un pequeño puente peatonal, “el Puente la Plaza”, vestigio del primero, de finales del siglo XVII también.

 

Nos colocamos justo al otro extremo de “la Casa Lugar”, donde entra “la Carretera”, oficialmente Paseo de Don Fermín Gutiérrez Muro, parte antes cerrada de “la Plaza’l Mercáu” y abierta a principios del siglo XX, cuando se construyó la carretera que da acceso a Cosuenda.

 

Seguimos por ésta a la sombra de los plataneros apreciando alguna casa a mano derecha con cierto valor urbanístico.

Este recorrido nos llevará a conocer la parte más antigua del pueblo, cosa que es difícil apreciar por las continuas reformas que han sufrido las casas durante el tiempo pero aún quedan detalles que nos pueden abstraer a los tiempos medievales, tiempos que en nuestro pueblo empiezan en el año 1363, aunque nuestra primera documentación data de 1142. Será difícil encontrar vestigios anteriores a ese año pues el pueblo fue totalmente destruido por la invasión de Castilla y hubo que reconstruirlo.

 

Al llegar a la altura de “el Puente’l Parque” tenemos a la derecha “la Casa Cultura” edificio de ladrillo construido en 1994 y un poco más adelante tenemos varias casas, del siglo XVIII y XIX y construidas sobre los restos de la antigua muralla, con aleros y fachadas de tipo tradicional.

 

Donde se acaban estas casas todavía podemos apreciar una pequeña torre de la muralla, “la Torre l’Hospital” [2], convertida hoy en día en casa.

 

Y cruzando la calle tenemos “la Casa’l Medico”, edificio que aunque actualmente posee un dudoso gusto estético tiene un valor histórico muy importante, pues en su solar se encontraba el antiguo Hospital de Cosuenda, en el que se ayudaba a morir a nuestros antepasados.

 

Enfrente de “la Casa’l Medico” baja una pequeña cuesta, la tomamos y entramos en “la Replaceta’l Molino” [3], urbanizada en el siglo XVII, aunque muy transformada, y llamada así por el antiguo molino y almazara de aceite que allí se encontraba y que estuvo funcionando hasta bien entrado el siglo XX.

 

Desandamos nuestros pasos volviendo a salir a “la Carretera”, si giramos la vista a la izquierda podremos ver una parte de monte que se desmontó para que entrase ésta, y seguimos a la derecha y al llegar al cruce a la derecha otra vez por “el Puente’l Lavadero”, substituto de otro que a su vez era substituto de “el Puente’l Molino”, que se situaba un poco más abajo del de ahora, y que era de medio punto y que fue construido en el siglo XVIII y demolido en los años 50 del siglo XX para permitir el paso de vehículos.

 

Lo cruzamos y vamos dejando a la izquierda “el Lavadero" y “el Matadero” [4], dos edificaciones de mitad del siglo XX y que todavía están en uso, si bien “el Matadero” no se puede usar legalmente desde el año 2001.

 

Siguiendo recto llegamos a “el Parque la Balsa” [5], dejando a la izquierda “la Balsa” y cruzando el río por “el Puente la Balsa”, pequeño puente de medio punto hecho en 1997 que intenta recordar a “el Puente’l Molino”.

 

Cruzado “el Puente la Balsa” podemos descansar un poco en este parque o tomar un bocado mientras apreciamos las distintas especies vegetales que pueblan este bonito lugar.

 

Hecho este descanso podemos seguir el curso del río hacia abajo hasta que lleguemos a “la Caseta las Brujas” [6], pequeña edificación del siglo XVI que contiene un pozo y que cuenta la leyenda de tradición popular que ese pozo se comunica directamente y por medio de un pasadizo con el Castillo y que así en tiempos de asedio los habitantes de éste podían bajar al río a por agua o escapar por aquí al asedio, también se cuenta que esa casa la hizo el mismísimo Diablo en una noche por encargo de las brujas y que por ese pasadizo, transformadas en gatos negros, lograban entrar en la Iglesia Alta, y cambiar las cosas de lugar, y en las casas con pozo, siendo sinónimo de muy mala suerte encontrar un gato negro ahogado en el pozo de casa y coincidiendo, cuenta la tradición popular, con el fallecimiento de alguna mujer en el pueblo, y que aquí se reunían las brujas para volar en procesión al aquelarre en "Peñas Planas". Hoy en día aún se puede ver algún gato negro merodeando por su alrededor, sobre todo al anochecer.

 

Dejando leyendas aparte y si disponemos un poco de tiempo podemos prolongar un poco más nuestro paseo subiendo con cuidado a "la Carretera" y buscando entre el pinar podemos encontrar un conjunto de 19 cuevas organizadas en 5 calles. Algunas estuvieron habitadas hasta el primer tercio del siglo XX y al entrar en ellas aún se puede adivinar la organización de los habitáculos y las paredes exteriores de las casas que las contenían.

Una vez hecho ésto volveremos por el camino que hemos venido desde “el Matadero” y antes de llegar a él giramos a la derecha por “el Rabal del Río Bajo” y al subir la pequeña cuesta giramos a la izquierda y llegamos a “el Rabal de Carramonací”, empezado a edificar a principios del siglo XIX.

 

Lo que nos llama primeramente la atención es “la Casa Gonzalo” [7], una de las cuatro casas señoriales de Cosuenda, que es un solemne caserío recientemente restaurado y  que preside “la Replaceta Carramonací”, en el cual podemos apreciar sus dos soportales de medio punto, su fachada híbrida, su escudo nobiliario y una pequeña losa de cerámica que pone el nombre de la calle.

 

Enfrente de esta casa, a la derecha también tenemos unas casas que forman este “Rabal” y que son de principios del siglo XIX, poseyendo algún alero de corte tradicional.

 

No seguimos por esta calle, sino por la que sube un poco y bordea “la Casa Gonzalo” y nos topamos al fondo con “la Casa las Bayonas” [8], otra casa señorial, del siglo XVIII, vivienda familiar por parte de madre de la célebre pianista aragonesa Pilar Bayona López de Ansó, a la cual la gente mayor aún recuerda viniendo a pasar a esta casa los veranos.

 

En “la Casa las Bayonas”, dentro de su deterioro todavía podemos apreciar su soportal de piedra negra, con su escudo nobiliario encima de él, su alero de madera poco pronunciado, su fachada a tres plantas, con dos ventanas rejadas, dos balcones y en la zona superior varias ventanas dinteladas, la pequeña losa que pone el nombre de la calle y otra con el número de la casa y un caño de hierro que hace de desagüe al otro lado de la casa.

 

La Fundación "Pilar Bayona" está buscando poder rehabilitar esta casa para hacer allí un museo con la obra de la pianista.

 

“La Casa las Bayonas” nos abre paso a una de las calles más bonitas de Cosuenda “la Calle la Ceida”, oficialmente Calle de Pilar Bayona, la más populosa hasta hace bien poco, lo que nos recuerda aquella rondadera cosuendana que decía:

 

En la calle de la Ceida

se paró un día un galán

y al ver las mozas que había

ya no quiso salir más.

 

Andando “la Calle la Ceida” vamos viendo a mano izquierda un conjunto de casas que parecen idénticas, de los números 26 al 8, y que sólo las reformas de cada dueño las diferencia, son “las Casas Logadas” [9], edificadas en el siglo XVIII como casas económicas en régimen de alquiler para la gente que se iba acercando a vivir a Cosuenda en esos años y que no encontraba casas dónde habitar por su situación económica. Estas casas son de pequeñas proporciones y la distribución tradicional de sus fachadas es de un soportal de medio punto, convertido ahora en casi todas en una simple puerta, una pequeña ventana, convertida ahora en la mayoría en un balcón, y un pequeño óculo encima, convertido ahora en casi todas en un vano adintelado. Su distribución interna en todas es idéntica, quitando las reformas de cada casa, patio en la entrada, establo al fondo y después corral, escaleras al primer piso, habitación al corral ("la cambra"), cocina-comedor con hogar de suelo a la calle ("el fogaril"), escaleras al segundo piso y granero ("la falsa"). Sólo las diferencia la simetria, es decir, en unas las escaleras y el establo estan a la izquierda y en otras a la derecha.

 

Este conjunto todavía conserva aleros tradicionales en los números 26, 22 y del 18 al 10 y soportales tradicionales en el 14 y el 10. En el lado de enfrente también podemos apreciar un par de soportales más, además de la pequeña plaza, “la Replaceta la Ceida”, que se abre a mitad de la calle. Después aún podemos observar otro alero tradicional en el número 3 y otro soportal de medio punto en el 1.

 

Al llegar al cruce de “la Calle la Ceida” con “la Calle las Eras Yermas” podemos ver otra pequeña placa con el nombre de la calle. Aquí iremos unos metros hacia arriba, hasta el número 17, casa tipo tradicional del antiguo labrador de Cosuenda [10], del siglo XVIII, y que conserva su soportal de medio punto, sus aleros tradicionales y su fachada medianamente conservada, además de su interior poco cambiado.

 

Volveremos hacia abajo pudiendo ver más aleros y algún arco de medio punto camuflado en alguna fachada hasta que llegamos casi a “la Plaza la Iglesia”. A la izquierda, en el número 1, tenemos un amplio edificio, que actualmente hace de “Bar Parroquial” [11] en el cuál vale la pena admirar su soportal de entrada.

 

En el justo momento que llegamos a “la Plaza la Iglesia”, oficialmente Calle de la Iglesia, si giramos la vista a la izquierda nos encontramos con “la Canecilla”, estrecha calle que respeta el perímetro de la iglesia y que tiene dos pequeños arcos, de 1898 [12], que hacen de contrafuerte a la pared de la iglesia.

 

En esta plaza llama la atención el edificio de la Iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles [13], comenzado a edificar en 1681 y consagrado en 1686, orientada hacia el norte, con una somera fachada en ladrillo, la entrada en arco de medio punto, dos relojes, uno de nueva obra de dudoso gusto y otro de sol restaurado y con los números no muy acordes con la fachada, y una espléndida torre con dos cuerpos cuadrangulares, albergando el segundo las campanas, refundidas en 1911 con los nombres de “María de los Angeles”, a la del norte, “Barbara”, a la del oeste, “Bernabé” o “Valera”, a la del mediodía, la mayor con 734 kg., y “Petra”, a la del oriente, la menor con 394 kg. (Para ver el Plano turístico de la Iglesia pulsa aquí). (Versión original)

 

Colmata la torre un tercer cuerpo octogonal y una cúpula colocada en septiembre de 1998 que semeja a la antigua de 1911 que hubo que desmontar.

 

Entrando al edificio de la Iglesia hay que bajar, primeramente, las escaleras que dan acceso al recibidor. Atravesamos las puertas que nos separan de la parte de culto y nada más entrar logramos una vista general del Altar Mayor, el Púlpito, los bancos, las Capillas y demás ornamentos de la Iglesia.

 

Si giramos la vista hacia la izquierda y hacia arriba veremos el antiguo órgano de la Iglesia Alta, que se bajó a esta otra agregándole el aflautado.

 

Para comenzar la visita empezaremos andando hacia debajo del órgano y veremos a la izquierda una pequeña puerta que da acceso al campanario y al coro, donde se encuentra el órgano y un gran facistol que servía para leer los libros con los que cantaba el coro. Normalmente está cerrada.

 

Si seguimos al frente encontramos la Capilla de San Antón, con un retablo de madera tallada, dorado y con tres imágenes, la central es de San Antón, y el altar.

 

La siguiente capilla que nos encontramos es la de San José, con un retablo dorado presidido por la imagen de San José y el Niño cogidos de la mano y cuatro columnas torneadas y rematado por una concha compostelana. Delante del retablo se encuentra el altar.

 

Después llegamos a la Capilla de la Virgen del Carmen, con otro retablo dorado muy adornado, presidido por un lienzo, y con una oquedad forrada de terciopelo azul y estrellas doradas que conserva una imagen de la Virgen del Carmen y el Niño. También esta capilla tiene su altar.

 

Entre ésta y la siguiente capilla, enfrente, tenemos unas pequeñas escaleras que dan acceso al púlpito, en elevado, lugar donde los curas “lanzaban la pedricadera”.

 

En el siguiente hueco se encuentra la Capilla de San Ramón con un estrecho retablo con dos lienzos, uno de San Ramón, y cuatro columnas torneadas y un pequeño hueco que alberga la imagen de la Virgen de la Cama. Preside esta capilla un altar y encima de éste una pequeña imagen del Sagrado Corazón.

 

Pegada a ésta se encuentra la Capilla de San Bernabé, con un gran retablo dorado y tres imágenes, la central de San Bernabé, restaurada en el año 2001, en acción de predicar. Este altar fue inaugurado por Mosen Juan de Lario y Lancis en 1753 y el zócalo de jaspe que rodea a San Bernabé fue traído de las canteras de Fonfría (Comarca del Jiloca) y el zócalo de piedra negra que sujeta el retablo se trajo de Calatorao (Valdejalón) y se pagó a 5 sueldos el palmo cúbico.

 

Si pasamos por la pequeña puerta que hay bajo el Retablo de San Bernabé llegamos a la Capilla del Sagrado Corazón, donde tenemos un pequeño hueco donde se encuentra una imagen con un Cristo portando una Cruz, el Cristo de Nazaret y una imagen con un león a sus pies y con un libro y en acción de leer. En el centro de esta Capilla se encuentra una imagen con un Cristo yacente, el Cristo de la Cama, que se saca en las procesiones de Semana Santa, y, por último, presidiendo la Capilla la imagen de la Virgen de Mayo, que preside la Iglesia en ese mes.

 

Antes de pasar al Altar Mayor encontramos en el suelo una tumba con una lápida negra. Aquí reposan los restos de Mosen Jerónimo Miravete, fallecido el 2 de junio de 1622, y esta tumba se encontraba originariamente en la Iglesia Alta, siendo bajada a ésta cuando se construyó.

 

Preside la Iglesia el Altar Mayor, de finales del siglo XVII, con un retablo dorado de estilo barroco, con cuatro columnas torneadas y tres imágenes principales, la del centro Nuestra Señora de los Ángeles y a los lados San Pedro y San Pablo.

 

Este Retablo lo preside en lo alto un Cristo del siglo XV que es anterior a la construcción de la Iglesia, ya que estaba en la Iglesia Alta, y en su centro posee un Sagrario de oro y plata. En esta parte de la Iglesia también encontramos la mesa que hace de Altar, un crucifijo de estilo plateresco, del siglo XV, que también estaba en la Iglesia Alta, la Pila Bautismal y tres conjuntos de bancos, uno para los Curas y dos para las Autoridades.

 

Pasamos a la Capilla de la Virgen de los Dolores, sobria capilla con una imagen de esta virgen, que se saca en Semana Santa, y un lienzo de la Pasión de Cristo.

 

A la izquierda hay una puerta que comunica con la Sacristía y a la derecha otra que comunica con la siguiente capilla, pero que ahora está cerrada.

 

Así que salimos otra vez por el Altar Mayor y llegamos a la Capilla del Santísimo Cristo con un retablo en dorado y negro con tres imágenes, la central de un Cristo Crucificado, de gran valor artístico y expresión inmejorable en el rostro, y las de los lados de la Virgen María y de San Juan. Este retablo se cree que también lo inauguró Mosen Juan de Lario y Lancis en la segunda mitad del siglo XVIII.

 

Pegada a ésta está la Capilla de San Antonio de Padua con un pequeño retablo dorado con cuatro columnas torneadas, dos lienzos, el de abajo de San Antonio de Padua y el de arriba de la Virgen de la Inmaculada, y un altar.

 

La siguiente Capilla es la de San Miguel, con otro retablo dorado lleno de adornos y con dos lienzos, el de abajo representando a San Miguel. Este lienzo está datado del siglo XVI y fue bajado de la Iglesia Alta.

 

Pasamos a la Capilla de la Virgen del Rosario y en ella nos encontramos un excelente retablo dorado con cuatro columnas torneadas y lleno de adornos. Contiene tres imágenes, la central es la Virgen del Rosario, ricamente ornamentada con manto dorado al estilo de la época. Fue adquirida en 1586 por su Cofradía y se encontraba en la Iglesia Alta. Este Retablo se construyó en 1713 y lo pagó su Cofradía, por la construcción y tallado 200 libras jaquesas y, por dorarlo 280, y se cree que es el mejor de todos los retablos de la Iglesia.

 

La siguiente Capilla es la de la Virgen del Pilar con un retablo dorado con cuatro columnas torneadas y cinco imágenes, la central de la Virgen del Pilar, las de los lados de Santiago y San Roque y arriba otras dos imágenes más. Preside esta Capilla un altar.

 

Y por último llegamos a la Capilla de San Juan, con retablo también dorado y con tres imágenes, la central de San Juan Evangelista y las de los lados de San Camilo y San Pascual. Como él de San Bernabé, este retablo también fue inaugurado por Mosen Juan de Lario y Lancis en 1753 y también el zócalo de jaspe que rodea a San Juan fue traído de las canteras de Fonfría (Comarca del Jiloca) y el zócalo de piedra negra que sujeta el retablo se trajo de Calatorao (Valdejalón) y se pagó a 5 sueldos el palmo cúbico.

 

Completan la Capilla un Cristo Crucificado y los dos bustos más antiguos, junto con la imagen de la Virgen del Rosario y el Cristo del Altar Mayor, que hay en Cosuenda. El busto de San Bernabé, encargado en el año 1600 para la Iglesia Alta, la cuál presidía, y el busto de San Juan de l’Armita, encargado en el mismo año por su Cofradía y que presidía la Ermita de San Juan.

 

Saliendo de esta Capilla llegamos a las puertas que nos han dado entrada al interior de la Iglesia y desde aquí podemos volver a apreciar una vista casi completa de todo el contenido y pasear por el centro contemplando las techumbres, cúpulas, ventanales y también, por qué no, el ruinoso estado en que se encuentran algunas de sus partes.

 

Hecho ésto podemos volver de nuevo a la plaza y girando a la izquierda podremos ver “el Mercáu” [14], edificio cubierto que hace de lonja en los días de lluvia, construido por la mitad del siglo XX, de ladrillo y con varios arcos, tanto a la entrada con en los ventanales. Contiene tres pequeños carteles turísticos.

 

Luego nos volvemos a encontrar con “el Puente la Plaza”, una pequeña calle paralela al río, “l'Estrecho”, y separada de éste por el muro de defensa, empezado a construir a finales del siglo XVII para defender la iglesia de futuras avenidas. Continuamos por la Plaza hacia arriba hasta encontrarnos en la confluencia de ésta con dos calles.

La de enfrente, “el Barranquillo” o Calle de San Bernabé, respeta el trazado de un antiguo barranco llamado “de la Hoya” o “de las Chotas” que por su peligrosidad en momentos de lluvias torrenciales tuvo que ser desviado por medio de un canal por las afueras del pueblo.

No seguimos por ésta sino por la otra calle que sigue a la izquierda, “la Calle la Balsa”, oficialmente Calle de San Cristóbal, entrando en “el Rabal de la Fuente”, empezado a edificar en el siglo XVII.

Nada más entrar, a mano izquierda, tenemos “la Capilleta” [15], del siglo XVII, pequeña hendidura en la pared de una casa y que albergaba una imagen de madera, actualmente está tapada y amenazada de demolición por la ruina en que se encuentra su edificio. Seguimos entre algún soportal y aleros tradicionales hacia arriba y al estrecharse la calle llegamos a unas ruinas.

 

En este solar se encontraba hasta abril de 2003 “la Casa la Fuente” [16], del siglo XVIII, otra de las cuatro casas señoriales de Cosuenda, con “la Casa Gonzalo”, “la Casa las Bayonas” y “la Casa Certales”, que subiremos luego.

 

Esta enorme casa se caracterizaba por su soportal de piedra negra rematado por su escudo nobiliario, sus balcones, tanto a “la Calle la Fuente” como a "la Replaceta la Fuente", sus aleros, su fachada y también las casas aledañas, del servicio, que interiormente hacían un conjunto de pasillos y de habitaciones que las comunicaban entre si.

 

A la derecha tenemos en una casa, también del siglo XVIII, que actualmente es la “Casa Rural Natura” [17].

 

Un poco más arriba, a la izquierda donde se acaban las ruinas, había una pequeña casa, que en sus últimos tiempos había estado deshabitada y después había sido las cuadras de “la Casa la Fuente”. Esta casa por su sobriedad y formas se podía tomar como la casa tipo tradicional del antiguo jornalero de Cosuenda [18].

 

Si seguimos adelante en la siguiente casa tenemos una hermosa balconada [19], que da al otro lado de la casa en “el Barranquillo la Balsa”, y al poco llegamos a la altura de “la Casa Certales” [20], del siglo XVIII, última casa solariega que nos queda por ver, con su soportal, escudo, ventanales y fachada, aunque esta última muy cambiada por una reforma que se acometió en el verano de 2002.

 

En el entorno de esta casa también encontramos varios soportales más de medio punto, aleros tradicionales y algún respiradero en el suelo de alguna bodega casera.

Volvemos hacia abajo, por donde hemos venido, hasta las ruinas de “la Casa la Fuente” y giramos a la derecha por “la Calle la Fuente” hasta la replaceta homónima.

Al llegar aquí, a la izquierda, aún podemos observar un arco de medio punto de entrada camuflado en una puerta y un poco más adelante encontramos “la Fuente” [21], con sus tres caños, dos dorados y “el Caño Negro”, urbanizada a finales del siglo XVII y restaurada, junto con “el Puente la Fuente” con dudoso gusto en el año 2003.

 

Después de refrescarnos en “la Fuente” cruzamos el Río Algairén por “el Puente la Fuente” [22], puente edificado a finales del siglo XVII para solucionar el paso de caballerías y carruajes de un lado al otro del río, ya que al construir la iglesia y necesitar los muros de defensa para evitar su posible inundación, estos muros impidieron el vado que se realizaba por el río hasta entonces, teniendo que construir dos puentes elevados, “el Puente la Plaza”, peatonal, y “el Puente la Fuente”, para los usos ya comentados, creando un conjunto urbanístico, los dos puentes y el muro, complementario y contemporáneo a la iglesia.

 

“El Puente la Fuente”, junto con “la Fuente” y “la Casa la Fuente”, formaban uno de los conjuntos más importantes de Aragón de la arquitectura tradicional civil del Barroco de finales del siglo XVII hasta la desaparición de la citada casa y la restauración de “la Fuente” y “el Puente la Fuente”, perdiendo así gran parte de su valor tanto artístico, como histórico, además de la pérdida de recreación de tradiciones, puesto que los muros demolidos nos indicaban para que servía “la Fuente”, además de para surtir de agua a los vecinos que a ella se acercaban, para la creación y enlace de futuras parejas, ya que al caer la tarde a ella se acercaban las diferentes cuadrillas de mozos y mozas, antepasados nuestros y por lo tanto gracias a ellos estamos aquí, ellas a recoger el agua para las casas y ellos a cobrar el vino del jornal de “la Casa la Fuente” y de paso a establecer miradas de complicidad entre ellos mientras estaban  esperando su turno sentados en sus muros.

 

Después de bajar por la izquierda de “el Puente la Fuente” llegamos a la altura de “la Casa Lugar” [23], edificio restaurado en 1986, y que, aunque ahora no tenga mucho valor arquitectónico, si que tiene mucho valor histórico, pues su solar albergó a la antigua Ermita de San Juan, como hemos dicho al principio. Esta ermita se enajenó a la Rectoría de Cosuenda en la Desamortización de Mendizábal de 1836, pasando a ser cárceles, escuelas, toriles y, por último, sede del Ayuntamiento. Las paredes de la ermita  eran muy sencillas y las remataba un pequeño cimbalillo sobre la puerta y en el interior tenía tres altares: el central, de lienzo, dedicado a San Juan Evangelista, el del lado de la epístola, de talla, con una imagen de Nuestra Señora, de escultura dorada, y al otro lado un cuadro sobre tabla representando a Santa Ana y una escultura de San Nicolás. También se enterró allí, el 3 de octubre de 1672, a Mosen Pablo Romeo, promotor del “Tratado de la Unión”.

 

Y con ésto, ya que estamos de nuevo en “la Plaza’l Mercáu” [1], damos por terminada esta Ruta de la Unión. Esperamos que les haya gustado.

 

 

VOLVER

 

Ir a la versión original