Este recorrido nos llevará a conocer la parte más antigua del pueblo, cosa que es difícil apreciar por las continuas reformas que han sufrido las casas durante el tiempo pero aún quedan detalles que nos pueden abstraer a los tiempos medievales, tiempos que en nuestro pueblo empiezan en el año 1363, aunque nuestra primera documentación data de 1142. Será difícil encontrar vestigios anteriores a ese año pues el pueblo fue totalmente destruido por la invasión de Castilla y hubo que reconstruirlo. (Pulsa aquí para ver el Plano turístico de Cosuenda) (Versión original)

 

Así que iniciamos nuestro camino en “la Plaza’l Mercáu” (Plaza de España) [1], antes “Fosal de San Juan” y urbanizada en el siglo XVI para el mercado al aire libre y para las ejecuciones públicas, siendo este lugar más amplio y cabiendo mucha gente.

 

En ella podemos apreciar la antigua posada y algún alero tradicional en las casas, además de podernos imaginar donde ahora se encuentra “la Casa Lugar”, el edificio amarillo que hace de Ayuntamiento, la antigua ermita de San Juan, edificio restaurado en 1986, y que, aunque ahora no tenga mucho valor arquitectónico, si que tiene bastante valor histórico para nosotros.

 

Esta ermita se enajenó a la Rectoría de Cosuenda en la Desamortización de Mendizábal de 1836, pasando a ser cárceles, escuelas, toriles y, por último, sede del Ayuntamiento. Las paredes de esta ermita  eran bastante sencillas y las remataba un pequeño cimbalillo que estaba sobre la puerta. Dentro tenía tres altares: el central, dedicado a San Juan Evangelista, de lienzo, el del lado de la epístola, con una imagen de Nuestra Señora, de escultura dorada, y al otro lado un cuadro sobre tabla representando a Santa Ana y una escultura de San Nicolás. En este lugar se supone que siguen los restos de Mosen Pablo Romeo, promotor del “Tratado de la Unión”, pues fue enterrado en esta ermita el 3 de octubre de 1672.

 

De las dos calles que suben elegiremos la que pone Calle Trévedes, que en breves nos deja en “la Plazuela las Estrebedes” [2], recoleta plaza donde aún tenemos un característico soportal tradicional, de medio punto, y una antigua losa de cerámica con el nombre de la plaza.

De aquí y hacia arriba, a partir de ahora hay que apretarse bien el calzado pues vamos a subir un desnivel de 40 metros, entramos en el recinto medieval propiamente dicho por “la Calle l’Horno”, a mano izquierda se encontraba el antiguo horno, y en unos metros llegaremos a “la Replaceta’l Cura” [3], a mano izquierda, donde aún podemos apreciar, pero muy transformada, la antigua “Casa Retorial”, es decir, donde se encontraba el Capítulo Eclesiástico de Cosuenda y se pagaban los diezmos, se dejaba el vino en los trujales, etc...

 

Subiremos por “la Cuesta la Retoría” (Calle Rectoría), donde tenemos algún alero tradicional, y al llegar al cruce de calles entramos en “el Rabal de la Serreta” [4]. En el estrecho que va en llano [5] tenemos varias casas tradicionales y alguna de ellas con el soportal tradicional. En una de estas casas, cuenta la leyenda, que cuando en 1833 el General carlista Conesa controlaba Cosuenda, los no partidarios de éstos, que les buscaban para apresarlos, se escondieron en sus pasadizos sin que fuesen encontrados, salvando así la vida.

 

Desandamos unos pasos y seguimos subiendo a mano izquierda por la primera (Calle Serreta Alta), donde si la pendiente nos deja podemos empezar a admirar las vistas del pueblo, a un lado, y del Castillo, al otro, además de alguna bodega que sale a nuestro paso.

 

Cuando llegamos a un cruce de caminos [6], seguimos por el de la derecha, que va subiendo encajonado por un antiguo foso de defensa del Castillo convertido en camino, por donde podemos apreciar algunos pequeños huecos debajo de la muralla que dicen las leyendas de tradición popular que formaban parte de los antiguos túneles que existían por debajo del Castillo y que se comunicaban con algunas casas, llegando incluso hasta “la Caseta las Brujas”, al lado del río.

 

 Continuamos hasta que la altura que hemos ganado nos permite llegar entre "la Torre la Lisalta” y “el Peirón de la Forma Perdida” [7].

   

De aquí seguiremos por un pequeño sendero que sale a mano derecha y en pocos metros nos deja en lo que era el Castillo de Cosuenda [8].

 

Este castillo parece ser que fue mandado reedificar, el anterior había sido destruido en la invasión de Castilla de 1363, por el entonces Arzobispo de Zaragoza García Fernández de Heredia a finales del siglo XIV, aunque algunos historiadores lo datan del siglo XV. Al ser de régimen eclesiástico se organizaba en dos partes, el refugio, al norte, y la iglesia al sur, sirviendo el refugio para hospedaje de futuras visitas del Arzobispo y la iglesia para el recogimiento de nuestros antepasados.

 

De él nos queda “la Lisalta”, antigua torre de la iglesia de estilo gótico-toledano, gótico por sus ventanales geminados, que tanto caracterizaron las obras apadrinadas por este Arzobispo, y toledano por la mezcla de la obra de mampostería con ladrillo, y con detalle mudéjar encima de sus ventanales, situada en un punto estratégico, puesto que desde su remate se puede divisar casi todo el término sin ser visto.  En ella había dos campanas y dos cimbalillos, además de otro cimbalillo más pequeño colocado en un ventanal del coro de la Iglesia. Al entrar en el recinto de ésta se podían ver cuatro altares: A la izquierda el de San Blas, pintado sobre lienzo. En el centro estaba el Altar Mayor, dedicado a María Santísima y tenía un pequeño retablo de madera adornado por cuatro columnas torneadas y dos ángeles que llevaban los atributos de la pasión, además de un lienzo pintado en su parte central y del crucifijo que ahora preside el Altar Mayor de la Iglesia.

 

Después estaba el altar de San Bernabé, con un cuadro del patrón de Cosuenda, del siglo XVI, y por último el de San Miguel, representado también con un lienzo del Arcángel homónimo, también del siglo XVI .

 

Además había un pequeño crucifijo de plata del siglo XV. Esta iglesia tuvo plena vigencia al culto hasta finales del siglo XVII, que se hizo la Iglesia de abajo.         

También, si nos damos una vuelta por la meseta que está la torre podremos apreciar los restos de tapial que conformaban el recinto del castillo y de la iglesia, que aunque muy deteriorados, pueden hacernos una idea de la vida en esos tiempos. 

 

Este conjunto se desamortizó en 1836 por 9500 reales y actualmente es de propiedad privada.

 

Volvemos sobre nuestros pasos hasta “el Peirón de la Forma Perdida” [7], que nos cuenta una historia de la segunda mitad del siglo XVII en un azulejo, que parece ser que fue el detonante para bajar la Iglesia al lado del río.

 

Reproducimos de las crónicas de la época: Á pocos anyos que estaba Rector el Dr. Torres baxaban el Viatico de la Yglesia antigua, el día ocho de agosto, digo día siete de agosto de 1.674, para comulgar acá baxo á Ygnacio Lescano, quién murió á el otro día ocho, baxaban el globo con dos formas; la una, para el enfermo; la otra, para la adoración del pueblo: E aquí que se levanta una tempestad furiosa de aire, que las varas del palio hirieron á el Sacerdote en la cabeza. El Sacerdote levantó la mano derecha sobre la capita y cubierta del vaso, o globo, el viento descubre el vaso; arrebata la una Forma. Estubo perdida hasta el otro día. Púsose en penitencia todo el pueblo y buscó con lágrimas á su Dios perdido, hallole un niño hijo d'algo. Y en acción de gracias se hace la fiesta todos los años como el día del Corpus; el Señor hizo un potente sermón y procesión”. Más o menos es lo que también pone en el azulejo, añadiendo el nombre del niño que la encontró, José Vallés, de 6 años de edad.

 

De “el Peirón de la Forma Perdida” bajaremos, a mano derecha, por un pequeño camino, que nos lleva por algunas bodegas y casas derruidas, hasta llegar a una replaceta y juntarnos con “la Cuesta’l Fosal” (Calle Cementerio) [9]. Bajaremos la cuesta un poco hasta que nos sale una pequeña calle a mano derecha que tomaremos y nos llevará hasta “el Vico l’Amargura” [10], donde podemos apreciar el conjunto de las casas en sí, muy deteriorado, pero que aún conserva la originalidad y algún elemento tradicional que caracterizó al pueblo, como un soportal de medio punto que hay.

 

También tenemos un pequeño azulejo que nos informa del número.

 

De aquí hacia abajo a mano izquierda por “la Cuesta l’Amargura” (Calle de la Amargura) hasta el siguiente cruce [11], centro neurálgico de la Cosuenda Medieval puesto que allí se encontraba la abadía, edificio muy transformado abajo a la derecha, que regía los destinos del pueblo y que luego se bajó a “la Retoría”.

Seguimos a la izquierda, subiendo una pequeña cuesta y cuando empezamos a bajar giramos a la derecha. Estamos en “la Cuesta los Narros” (Calle Narros) [12], florida cuesta, cuyo nombre nos revoca a la repoblación medieval que tuvo este pueblo cuando se encontraba en la extremadura aragonesa, y en la que todavía podemos apreciar algún alero tradicional mientras la bajamos.

Al llegar abajo al cruce seguimos a la derecha por “la Calle Nueva” [13], calle abierta en el siglo XVI, que entonces sería nueva, donde además de varios aleros tradicionales tenemos un par de soportales dignos de nombrar, uno de ellos con uno de los pocos detalles mudéjares que todavía conservamos, aunque por la ruina de su edificio, actualmente se encuentra amenazado por la "piqueta".

 

Sólo nos queda llegar a “la Calle l’Horno”, a mano izquierda, y desandar por “la Plazuela las Estrebedes” [2] hasta llegar a nuestro punto de salida, “la Plaza’l Mercáu” [1].

 

 

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